Taller de Cerámica
Después de mucho pensarlo, abrí este taller porque necesitaba un lugar para bajar el ritmo y volver a crear con las manos. Soñaba con un espacio para explorar sin presión, ensuciarme feliz, probar ideas entretenidas y dejar que la tierra y el fuego me sorprendieran—pieza a pieza.
Esto es Rochi Pottery: un taller de cerámica en Las Condes que nació para concretar un sueño que tuve guardado durante años. La vida —los traslados, el trabajo, los tiempos que nunca calzan perfecto— me fue empujando a postergarlo… hasta que un día decidí darle espacio de verdad, y hacerlo existir.
Soy Rochi Testa, diseñadora gráfica de Buenos Aires. La cerámica llegó a mí primero como una terapia: tenía 18 años (hoy tengo 33) y buscaba un lugar silencioso donde bajar revoluciones, ordenar la cabeza y volver al cuerpo. Con el tiempo, esa pausa se transformó en pasión. Y ahí empezó algo más grande: el deseo de crear un espacio que se sintiera así para otros—un rato de calma, oficio y disfrute.
Me fui formando con talleres y maestros, sumando técnica y profundidad sin soltar mi mirada de diseñadora: la proporción, la textura, los volúmenes, el detalle. Trabajo principalmente gres y también porcelana, y hago cerámica con un norte claro: piezas y experiencias que invitan a relajarse, a pasarlo bien y a disfrutar lo hecho a mano sin solemnidad.
Andrés, mi marido, ha sido fundamental para levantar este proyecto y sostenerlo. Me ha acompañado en cada paso para convertir una idea largamente guardada en un taller vivo, cuidado y coherente con lo que somos.
En Rochi Pottery hago clases, workshops, estudio abierto/membresías, piezas a pedido, colecciones y experiencias. Recibo a personas de todos los niveles: si es tu primera vez, te guío paso a paso; si ya vienes con recorrido, te ayudo a perfeccionar técnica, criterio y estilo. Cuido el espacio, los grupos y el ritmo para que aprender no se sienta como presión, sino como un proceso agradable y propio.
Lo que quiero es simple: que cuando entres, sientas que puedes soltar el día. Que el barro te ordene, te entretenga y te devuelva algo que no se compra: presencia, comunidad y una pieza hecha por ti, con tus manos, a tu ritmo.
Son todos bienvenidos.